domingo, 30 de noviembre de 2008

El desafío de ser periodista*

Reflexionar sobre lo que implica “ser periodista” en estos tiempos es un desafío cuya envergadura es tan importante como transitar este camino que para muchos se inicia en el cursado de una carrera universitaria, continúa con la inserción en el estrecho mercado laboral-profesional y no finaliza sino hasta que la sed de aprendizaje queda saciada. O sea, casi nunca.
Dicha reflexión, puesta en términos filosóficos, obliga a la revisión histórica.
En este sentido, sería necesario bucear en la historia delineando algunos conceptos ensayados sobre algunos términos que tanto en su génesis como en su desarrollo, indefectiblemente se encuentran determinándose mutuamente, en una especie de “sistema”.
En primer término, es importante definir qué es ser periodista en términos de su función en la sociedad. Y la pregunta se torna inevitable ¿es una profesión o un oficio?
Claro está, su inclusión en las categorías de oficio o de profesión según corresponda indica no solo su función, sino también su legitimidad, recorriendo el camino de la verdad, la responsabilidad y el respeto que dicha situación enviste.
La Real Academia Española define al periodista como la “persona legalmente autorizada para ejercer el periodismo”. Y al periodismo como la “captación y tratamiento, escrito, oral, visual o gráfico, de la información en cualquiera de sus formas y variedades”. No obstante, este concepto no revela ni la especificidad ni la densidad de la tarea periodística. Porque el periodista “no solo escribe sino que construye la información, tarea en la que se incluye un alto grado de interés y de curiosidad, etapas de documentación y de búsqueda y verificación de las fuentes, de selección y de valoración del grado de noticiabilidad y de interpretación del acontecimiento”.[i]
Volviendo al concepto establecido por la Real Academia Española, se podría entender al periodista como una persona que, más allá de su capacidad, talento, experiencia o estudios acreditados, cuenta con el beneplácito de alguna ley establecida a los fines que las reglas laborales lo exigen.
Sin embargo, no se puede pasar por alto una realidad que incluye al periodismo de nuestro país: la falta de profesionalización.
Profesiones con distinta tradición, como la medicina, la abogacía y la ingeniería –por nombrar solo algunas- cuentan con sus respectivos colegios profesionales, que se encargan, entre otras cosas, de regular honorarios profesionales. Más allá de lo estrictamente económico, estas instituciones le confieren legitimidad a la profesión y a los profesionales. Y además, son las encargadas de establecer los alcances de la profesión, sus aplicaciones y límites. Es decir, le confieren un marco de legalidad y legitimidad necesarias para el ejercicio ético de todas las profesiones.
En el periodismo, los límites son difusos. Y esta falta de regulación redunda en la ausencia de una especificidad de la profesión y en lo que se podría catalogar como un nuevo perfil: el periodista multitarea que surge también a causa de la precarización laboral.
El mercado laboral, en lo que al campo periodístico se refiere, no tiene lugar para todos los profesionales que año a año egresan de las distintas facultades y escuelas de periodismo. En este contexto, el egresado de carreras de comunicación encuentra en otros nichos la oportunidad de trabajo, dejando a un lado su vocación, oficio y profesión.

La influencia de las nuevas tecnologías
No obstante lo ensayado hasta recién, otra lectura es posible a la luz de la aparición de nuevas tecnologías de la información y la comunicación.
En el artículo de Migdalia Pineda denominado “La profesión de periodista y los retos de las tecnologías de información”[ii] la autora aborda este nuevo contexto delineando las perspectivas sobre el desarrollo del periodismo en el siglo XXI.
En este sentido, sostiene que “se irán abriendo nuevos campos de trabajos emergentes que convivirán paralelamente con los tradicionales (…) para dar cabida a oportunidades de trabajo relacionadas con actividades de análisis y orientación mediante la producción de materiales de contenido económico, financiero y políticos dirigidos a clientes específicos, a través de Internet, los foros de opinión on line y los periódicos personales o weblogs (…)”.
La aparición de nuevas tecnologías conlleva a una expansión y apertura de las tareas periodísticas. Entonces, el periodista multitarea que mencionaba párrafos arriba cobra un sentido positivo.
Los nuevos trabajos vinculados a las nuevas tecnologías como la producción digitalizada de contenidos multimedia; las telecomunicaciones e informática; la edición y distribución de servicios especializados on line por diferentes vías; la gestión de la información para la conformación de bases de datos especializados en comunicación y campos afines; y la planificación y producción de software educativo y cultural a través de CD ROM y videos, entre otros; aparecen como alternativas al ejercicio del periodismo tradicional.
Pero, al tiempo que se constituyen como nuevas oportunidades, obligan a una readaptación de las tareas para las cuales el periodista egresado de alguna facultad está preparado. En término de Pineda, se podría decir que los nuevos perfiles profesionales y las nuevas tareas conllevan una reclasificación de funciones, entre las que se cuentan la búsqueda de información on line, actualización permanente y puesta en página de información personalizada, realización multimedia de los materiales y documentación digital de sustento de las informaciones. Estas y otras “parecen entrar en un proceso de globalización laboral”.
Así las cosas, cabe preguntarse si es el periodista quien debe adaptarse a los cambios que depara el campo laboral y, por su propia iniciativa capacitarse a tales fines; o si no sería conveniente que los planes de estudios de las carreras de periodismo y comunicación incorporen a los contenidos tradicionales, aquellos afines a las nuevas tecnologías. De esta manera, el periodista encararía su salida laboral con mayor y mejor preparación, contando además con otras cualidades. Y es que como dice Pineda, “el comunicador del futuro para ser competitivo en el mercado de trabajo deberá tener capacidad de adaptación a los cambios, polivalencia de funciones y aprendizaje secuencial y de por vida”.

Nuevas tecnologías, ¿nuevas responsabilidades?
El periodismo juega un rol fundamental en la consolidación de la democracia, el desarrollo y la justicia social. “Produce las noticias que construyen una parte de la realidad social y que posibilitan a los individuos el conocimiento del mundo al que no pueden acceder de manera directa”.[iii]
Teniendo en cuenta semejante grado de responsabilidad y el grado de influencia que tiene esta profesión en la formación de la opinión pública, en el proceso de cambio y readaptación por el que transitan los periodistas de hoy, no debe olvidarse un elemento fundamental: la ética profesional.
La avalancha informativa que se produce como consecuencia de la aparición de nuevas tecnologías –con el uso de Internet como estandarte- desdibuja en cierto modo el circuito de la comunicación que, básicamente establece la existencia de un emisor (quien elabora la noticia), un mensaje (la noticia) y un destinatario (el público).
Si, siguiendo a Ignacio Ramonet[iv], “se podía describir hasta ahora el periodismo como la forma de una organización triangular: el acontecimiento, el mediador y el ciudadano”, ¿es posible pensar que esta descripción es transgredida por el estrechamiento de los límites entre el acontecimiento-información-noticia y el público que lo consume?
Ramonet insiste en que “ese triangulo se ha convertido en un eje. En un punto está el acontecimiento y en el otro está el ciudadano. (…) Todos los media intentan poner al ciudadano directamente en contacto con el acontecimiento. Por tanto, existe la creencia de que uno puede informarse solo”[v].
Basta con contar con una conexión a Internet, una cámara digital, una palm, una computadora portátil (por nombrar solo algunos artefactos tecnológicos) para captar un acontecimiento y transformarlo en noticia. Si hasta los medios de comunicación promueven la “participación ciudadana” instando al ciudadano común a sentirse juez y parte de la noticia.
Por todo esto, el periodista de hoy se encuentra ante un gran desafío. Enfrentar día a día su tarea de manera responsable, ética y fiel a la verdad, de manera tal que -lejos de que el rol que cumple en una sociedad democrática sea subestimado y desgastado- ratifique su función como auténtico mediador entre el hecho y su aceptación como “realidad”. Ya que teniendo en cuenta que –en términos de Eliseo Verón[vi]- la noticia periodística es un tipo genérico de texto que da cuenta cotidianamente de lo que ocurre en el mundo, cobra sentido en la sociedad porque se aceptan como reales los acontecimientos que construye.

Conclusión
Hasta aquí, podríamos caracterizar al panorama actual del ejercicio periodístico a través de los siguientes puntos, que lejos de postularse como problemas aislados, tienen estrecha vinculación el uno con el otro:
- Difusión de los límites en las tareas y responsabilidades periodísticas: aparición de un nuevo perfil, el periodista “multitarea” opuesto al periodista especializado.
- Ausencia de colegiación y matriculación profesional: carencia de marco legal y legítimo del ejercicio periodístico.
- Precarización laboral: búsqueda de oportunidades de trabajo en otros campos que ofrece el mercado.
- Aparición de nuevas tecnologías: alternativas al trabajo periodístico, con aplicación de saberes a otras áreas. Necesidad de formación en las nuevas áreas de trabajo.
- Masividad en la información: autoinformación. Mayor protagonismo del público. Necesidad de revalorizar la verdad, la ética y la responsabilidad del periodista como estandartes de la profesión.

[i] Martini Stella (2000): “Periodismo, noticia y noticiabilidad”. Argentina. Grupo Editorial Norma.
[ii] Pineda, Migadalia (2005): “La profesión de periodistas y los retos de las tecnologías de la Información”, en Diálogos de la Comunicación Nº 72
[iii] Martini, Stella. Op.Cit.
[iv] Ramonet, Ignacio (2003): “Ser periodista hoy”, en La tiranía de la comunicación. Editorial Debate.
[v] Ramonet, Ignacio. Op. Cit.
[vi] Verón, Eliseo (1987): “Construir el acontecimiento”. Barcelona, Editorial Gedisa.

*Trabajo corresondiente al módulo "El espacio de la producción periodística", de la Diplomatura en Periodismo.

Por la vía de la violencia*

POR LA VIA DE LA VIOLENCIA


A principios de septiembre, el conflicto generado en las estaciones de tren de Ituzaingó y Castelar, en Buenos Aires, desnudó las redes de violencia simbólica que subyacen a los servicios privatizados.
Estado, empresa y usuarios son parte del triángulo que protagonizó conflicto desatado en las vías del ex Ferrocarril Sarmiento, caracterizado por la necesidad de encontrar un culpable.
Los medios de comunicación se sumaron al conflicto, con su particular modo de construir la noticia.


“Las penosas condiciones en las que viajan a diario los usuarios del ex ferrocarril Sarmiento se agravaron ayer, con el incendio de una formación y la interrupción del servicio durante más de seis horas, episodios que el Gobierno atribuyó a un “sabotaje” que adjudicó a activistas de agrupaciones de izquierda. Ocho vagones, de los más modernos con que cuenta la línea, fueron destruidos por el fuego. También fueron siete las personas detenidas, acusadas de “robar máquinas expendedoras de boletos”, según afirmaciones del ministro de Justicia y Seguridad, Aníbal Fernández. Dirigentes de las organizaciones aludidas –el Partido Obrero, el Movimiento Socialista de los Trabajadores y Proyecto Sur– rechazaron las acusaciones y repudiaron las afirmaciones del ministro” ( Otro día de furia en las vías del Sarmiento. Diario Página 12. Jueves 4 de septiembre de 2008)

“(…) A las siete y media, un chispazo en el primer vagón de un tren que marchaba hacia Once hizo que la formación se detuviera en Castelar. Después hubo un fogonazo. La gente comenzó a impacientarse. Como las puertas estaban enclavadas no se abrieron y eso disparó el pánico entre los pasajeros, que no podían ni siquiera moverse, ya que a esa hora se viaja, dicen los usuarios, “nariz con nariz”. (Crónica de un amanecer violento. Diario Crítica de la Argentina. Viernes 5 de septiembre de 2008)


Hasta aquí, un breve resumen de los hechos acaecidos según dos medios nacionales que reflejaron la noticia a modo de acuerdo a lo ocurrido, describiendo el suceso y sus protagonistas: usuarios, estado y empresa.
Pero, sobre la base de estos relatos, vale la pena realizar un análisis más profundo de la situación en la que la violencia como medio de expresión de la existencia subyace y se posiciona como el elemento que atraviesa cada una de las reacciones que surgieron a merced del accidente.
Si se hace un repaso cronológico de los hechos, son los usuarios del servicio de trenes los que aparecen como los “culpabes” ya que tras la demora en la llegada de este medio de transporte, fueron los encargados de prender fuego a los vagones de otro tren ocasionando un caos que –durante ese día- no solo derivó en el cese total del curso del tren, sino que desató un conflicto en el que unos y otros se ocuparon de buscar culpables. Los usuarios reaccionaron cuando una formación del ex Sarmiento quedó detenida en la estación Ituzaingó y justificaron su accionar culpando a la empresa TBA, que desde 1995 es el concesionario del servicio público de las líneas Mitre y Sarmiento.
La empresa, por su lado, habló de un sabotaje deslindándose de este modo de la responsabilidad que le cabe en el correcto funcionamiento del servicio que prestan a la comunidad. En este sentido también se manifestaron los representantes del gobierno nacional, que responsabilizaron al Partido Obrero, el MST y a la agrupación que orienta el cineasta Pino Solanas de los hechos acontecidos.
Buscando a los culpables del hecho, las verdaderas causas de la violencia desatada quedan relegadas, cuando un análisis de éstas resulta imprescindible para comprender la reacción inmediata de los usuarios que prendieron fuego los vagones del tren, además de “destrozar dos autos, dos motos y dos bicicletas”, según declaraciones hechas desde el gobierno nacional.
Para entender qué se esconde detrás de esa violencia, hay que pensar en los usuarios como individuos cuya subjetividad está enraizada en el cuerpo, en tanto que es el espacio donde ésta se constituye. Carpintero[i] dice que el cuerpo está compuesto por los aparatos psíquicos, orgánico y cultural, donde los dos primeros establecen una relación de contigüidad, que respecto al tercero ambos se incluyen donde el cuerpo se forma a partir del entramado de los tres aparatos, constituyéndose la subjetividad a partir de la intersubjetividad gracias a que la cultura está en el sujeto y éste se encuentra en la cultura. Estos conceptos sirven de marco para entender los hechos anteriormente descritos ya que no se puede individualizar a los usuarios, ya que éstos no son sino productos de la cultura y de la sociedad en la que están inmersos.
En cada sociedad, las instituciones cumplen un rol fundamental en tanto contenedoras y formadoras de la subjetividad de los individuos; concebidas como “un constructo en el que intervienen los otros, que se afianza en nuestra subjetividad a través de metáforas, de símbolos y de signos, que dan formal al mundo, e incluso al yo”[ii].
Para Durkheim[iii], las instituciones se pueden caracterizar como instancias reguladoras de lo social, constructoras de la moral, siendo los espacios más adecuados para volver a reconstruir las representaciones colectivas y para lograr la cohesión y la coerción social.
Pero, ¿qué pasa cuando las instituciones que contienen a los individuos entran en crisis? ¿Qué sucede al interior de una sociedad cuando ésta ha perdido los valores?
Para responder estos interrogantes, es preciso citar nuevamente a Durkheim con su concepto de anomia generalizada, entendido como el estallido de la sociedad que provoca niveles de angustia en el ser humano. Bajo este concepto, el individuo queda librado a su propia suerte, no encontrando sentido de pertenencia en una sociedad que no se hace cargo de él.
En un contexto social de fragmentación de las identidades, ruptura del lazo social, estado de anomia generalizada e instituciones desbordadas cotidianamente, la integración social muestra su obsolencia y se hace necesaria la búsqueda de nuevas formas en las que los sujetos puedan expresar su socializad y autorreconocimiento.
Todos estos conceptos esbozados hasta el momento sirven para entender las reacciones de los usuarios del tren, en tanto individuos integrantes de una sociedad que se caracteriza -en términos de Touraine[iv]- por dos aspectos que la atraviesan: la desinstitucionalización y la desocialización. Este último aspecto, entendido como “la desaparición de los roles, normas y valores sociales mediante los cuales se construía el mundo vivido” enmarca el surgimiento de la violencia ya que cuando un sujeto no cuenta con ningún proyecto de vida, cuando los símbolos institucionales están atascados o desfallecientes, representados en la desaparición de los espacios- soporte institucionales, es más fácil que se incline hacia la violencia.
Habiendo delineado estas concepciones, se puede concluir -acerca de cómo la violencia es utilizada como medio de expresión-del siguiente modo:
El fin del Estado de Bienestar ha favorecido la privatización de los servicios; ante esta retirada del estado y una empresa que –actualmente- no responde a las prestaciones por las cuales ha licitado el servicio de ferrocarriles, los individuos (usuarios del servicio) se refugian en la incertidumbre y en un resentimiento social que los lleva a manifestarse a través de la violencia.
Entonces, ¿son los usuarios los culpables del caos desatado en las vías del ex Ferrocarril Sarmiento? O, ¿Son tan solo víctimas de su existencia en el marco una sociedad fragmentada, un estado en retirada y una empresa más preocupada en su imagen que en el correcto funcionamiento del servicio que presta?
La violencia engendra violencia. ¿No es la violencia simbólica -entendida por Pierre Bourdieu[v] como la aseguración de la dominación de una clase sobre otra aportando el refuerzo de su propia fuerza las relaciones de fuerza que las fundan- que se ejerce desde los más altos estamentos de la sociedad, la que provoca reacciones como las ejercidas por los usuarios del ferrocarril?
Para finalizar, solo queda por analizar un último protagonista que se suma al triangulo conformado por los usuarios, el estado y la empresa. Se trata de los medios de comunicación, que con su particular forma de relatar los hechos, le dan sentido a la noticia. Sin ahondar demasiado en la temática –ya que merece una investigación que no ha lugar en este trabajo- es necesario destacar su función como formadores de opinión en una sociedad democrática. Por eso, en un conflicto como el ejemplificado en este ensayo, es fundamental su trabajo en la reconstrucción de los hechos, tratando de reflejar con la mayor objetividad posible lo sucedido.

[i] Carpintero, Enrique (2003). “Las pasiones y el poder en la construcción de nuestro mundo subjetivo”. Exposición realizada en el Primer Congreso Patagónico de Sociedad, Psicología y Cultura. Trelew, Argentina.
[ii] Coronado Arias, David (2007. “La violencia en la formación de la subjetividad”. En Scribiani y Luna (Coord.) “Contigo Aprendí”. Ed. Universidad de Guadalajara- Universidad Nacional de Córdoba. Pp- 149-172
[iii] Durkheim, Emile (1982). “La división del trabajo social.” Akal. Madrid.
[iv] Touraine, Alan (1997). “¿Podremos vivir juntos? Ed. FCE. México.
[v] Bourdieu, Pierre (1977). “Sobre el poder simbólico” en “Intelectuales, política y poder” (1999). Editorial Universitaria de Buenos Aires. Buenos Aires, Argentina.

*Trabajo final correspondiente al módulo:“La sociedad contemporánea y la violencia como expresión de la existencia”, de la Diplomatura en Periodismo.