viernes, 24 de octubre de 2008

De textos, intertextos e hipertextos...

Cada una de nuestras creaciones, cada nueva producción tiene tanto de sus propios autores como de otros. Lejos del concepto de copia, plagio o imitación, lo que plantea el concepto de intertextualidad es que existe un "conjunto de relaciones que acercan un texto determinado a otros textos de varia procedencia: del mismo autor o más comúnmente de otros, de la misma época o de épocas anteriores, con una referencia explícita o la apelación a un género, a un arquetipo textual o a una fórmula imprecisa o anónima". En otras palabras, me refiero a que cada texto es consecuencia, inmediata o no, de otros textos, es un "intertexto".

En tiempos de blogs, es ineludible la referencia los intertextos, ya que nuestra inserción en el mundo virtual facilita el acceso a innumerables páginas, a remotas producciones literarias, periodísticas y de otras índoles; incluso a libros en formato web (...)

Por eso es que decido bautizar de esta forma a mi blog. Una especie de homenaje a la virtualidad.

Lo que sigue es un trabajo realizado por mí para la Diplomatura en Periodismo que estoy haciendo.


(...) Esta textualidad abierta es la que, de cierto modo, nos hace partícipes. Como productores de nuevos textos, nosotros lectores, internautas, ahora interferimos en esos textos originales. Con citas directas o indirectas, nos apropiamos convirtiéndolos en parte de nuevas producciones y como lexias, es decir como textos compuestos de fragmentos de texto, hacen referencias al texto original del que fueron extraídas las ideas y a muchos otros que citaron las mismas ideas.

Así como “las fronteras de un libro nunca están claramente definidas ya que cada uno se encuentra atrapado en un sistema de referencias a otros libros, otros textos, otras frases”, el hipertexto engendra un sinfín de redes que como dice Barthes actúan entre sí sin que ninguna pueda imponerse a las demás.

Otra definición de hipertexto lo describe como un tipo de texto electrónico, una tecnología informática radicalmente nueva y, al mismo tiempo, un modo de edición. Es decir, que permite que el lector elija y que se lea mejor en una pantalla interactiva.

Este concepto nos acerca a un fenómeno que atraviesa la realidad en estos tiempos y que coloca a la industria cultural al alcance de todos, haciendo que los usuarios dejen de ser actores pasivos convirtiéndose en activos participantes de lo hecho y por hacer. De usuarios a co productores o productores, la tecnología nos acerca cada vez más y nos invita a ser parte. De la Web 1.0 en la que los contenidos son estáticos y los datos que se encuentran en esta no pueden cambiar, se encuentran fijos, no varían, no se actualizan a la Web 2.0, en la cual las redes sociales, los blogs, los wikis o las folcsonomías fomentan la colaboración y el intercambio ágil de información entre los usuarios.
De un modo de lectura lineal a otro en el que los nexos electrónicos unen lexias tanto externas a una obra como internas y así crean un texto que el lector experimenta como no lineal o mejor dicho, como multilineal o multisecuencial.

Ahora, nuevas reglas y experiencias hacen de la interactividad un nuevo modo de producción.

Los ejemplos abundan. Según un estudio realizado hace un año por la Central de Medios Ignis y publicado en Clarín, solo en Argentina más de 260 mil usuarios tienen su propio blog en Internet. Miles y miles que han creado su propia página, su espacio, con sus ideas, modos de decir y de hacer, invitando a tantos otros a comentar y a participar conformando un nuevo campo de interrelaciones.

Así como los blogs permiten que cada usuario tenga su propia página Web, You Tube nuclea a una gran comunidad de usuarios que suben y bajan videos; los fotolog han generado una nueva tribu cuya razón de ser se basa en el intercambio de fotos; Facebook hace lo suyo conformando una red de redes; y los wikis alientan a múltiples voluntarios a editar sitios a través del navegador Web permitiéndoles crear, modificar o borrar un mismo texto que comparten.

Los medios de comunicación no han quedado ajenos a este fenómeno; por el contrario, han sabido sacar provecho generando un contrato implícito con sus lectores en el que todos participan. De sus tradicionales formatos impresos a los cada vez más accesibles y renovados sitios Web, cada diario, periódico, revista, programa de radio o televisión ha creado mecanismos para que los usuarios sean parte de la noticia.

Lanacion.com tiene un link denominado "participación" que lleva a otro llamado "soy corresponsal" definido como "la propuesta de periodismo participativo de lanacion.com", en el que cada usuario puede publicar textos, fotos, videos y audios de "valor noticioso" sobre hechos de los que ese usuario o lector haya sido testigo. El sitio se configura así como una redacción virtual abierta en el que los usuarios se pueden sentir redactores. Con tutoriales, reglamentos, código de ética y hasta consejos para escribir una noticia o subir un video.
Tn.com.ar también invita a ser parte invitando a lectores y televidentes a enviar su material y subirlo al sitio Web. Y la lista sigue..., pero cabe preguntarse el sentido de estas acciones, ¿todos ganan? ¿A quién le conviene más? ¿Es realmente una forma de fomentar la participación ciudadana, o es una forma de lograr más "noticias" sin ningún precio más que la garantía de ofrecerle al lector ser "corresponsal"?.

Una cuestión de elección
La accesibilidad a la información, el estrechamiento de los límites entre autores y lectores y la proliferación de recursos virtuales participativos van de la mano de otro fenómeno: la sobreabundancia de información. Las posibilidades y modos de lectura son tantos y tan variados que a veces nos encontramos con una necesidad de imponer cierto orden o selección en el material para poder elegir y discernir entre lo que realmente interesa y sirve a los fines de cada usuario.

Décadas atrás, Vannebar Bush planteó este fenómeno en un artículo, reflexionando sobre la necesidad de máquinas de procesamiento de información mecánicamente conectadas para ayudar a los estudiosos y ejecutivos frente a los que se estaba convirtiendo en una explosión de la información. Como el número de publicaciones había crecido mucho más allá de nuestra capacidad de aprovechar realmente la información acumulada, Bush sostenía que los "medios que empleamos para desplazarnos por este laberinto hasta llegar al punto importante del momento son los mismos que utilizábamos en los tiempos de las carabelas". A partir de esto, esbozó lo que llamó "la cuestión de la elección", a través del cual planteó que la recuperación de la información y la razón primaria por la que los que necesitan información no pueden encontrarla, se debe a los inadecuados medios de almacenar, ordenar y etiquetar la información. Para dar solución a este problema, Bush propuso un dispositivo al que denominó "Memex", capaz de llevar a cabo la manipulación de hechos reales y de ficción, un dispositivo "en el que una persona guarda sus libros, archivos y comunicaciones, dotado de mecanismos que permiten la consulta con gran rapidez y flexibilidad.

Lo que hace años aparecía como una solución ante la sobreabundancia de material es algo que hoy no resulta novedoso ya que la digitalización de textos e información forma parte de nuestro hacer diario. Los programas informáticos, incorporados o no a los ordenadores, ofrecen este tipo de soluciones, permitiendo que toda la información que necesitamos aparezca ordenada y fácilmente accesible.

Pero lo que la tecnología 2.0 sí hace que sea novedad es la posibilidad de que ese material sobre el que tenemos que trabajar, esté disponible en la red. De esta manera, así como el Memex de Vannebar Bush redefinía el concepto de lectura como un proceso activo que implica escritura y hacía referencia a la existencia de un lector perspicaz y activo que puede anotar un texto "igual que si tuviera la página física delante de él", hoy existen numerosos dispositivos de almacenamiento virtual, que significan una genuina superación de aquellas herramientas de almacenamiento tradicional proporcionadas por la informática, mencionadas párrafos arriba.

Por citar algunos ejemplos, Google.com tiene entre sus productos a Google Docs que permite crear proyectos en línea, compartirlos y acceder a estos desde el lugar donde esté el usuario. De esta forma, no solo permite trabajar desde cualquier sitio con un mismo archivo, sino que evita pensar en el problema de guardar, almacenar o enviar dicho archivo ya que lo guarda automáticamente y permite abrirlo en otra computadora con conexión a Internet sin necesidad de instalar ningún programa.

Y, entre los medios de comunicación, la versión digital de Página 12 ofrece una herramienta denominada "Mis recortes" a través de la cual el usuario puede almacenar virtualmente todas aquellas notas de su interés y volver a leerlas cuantas veces quiera. El contenido de la carpeta de recortes no se pierde cuando el usuario abandona el sitio lo que le permite regresar otro día y seguir navegando por sus recortes guardados.

Así las cosas y siguiendo a George Landow en "Hipertexto", "la increíble premonitoria descripción que hace Bush de cómo el usuario del Memex crea y luego sigue trayectos sólo puede equipararse a su reconocimiento crucial de que estos trayectos mismos constituyen una nueva forma de textualidad e incluso de escritura".

Así como el Memex significó un avance y un nuevo modo de textualidad, hoy la red de redes nos encuentra no solo hiper conectados sino también ante el desafío y la propuesta de ser activos participantes y productores del material disponible para los millones de usuarios de Internet.